“Resistencia Trava, Sudaka, Originaria – Diana SacayánIlustración de @julianita.liana

Diana Sacayán fue una activista travesti reconocida por su aporte a los derechos humanos y su lucha por la inclusión social del colectivo travesti-trans en Argentina, la región y en el mundo. En el año 2015, Diana fue asesinada por 13 puñaladas en su casa del barrio de Flores, Bs.As. El 17 de junio de 2018 el Tribunal Oral condenó a Gabriel Marino a prisión perpetua por su travesticidio

La sentencia de Diana interpreta el derecho penal argentino contrastandolo con la realidad de las mujeres travestis y trans. Dicha sentencia, es histórica por ser el primer asesinato de una persona travesti que fue calificado como un “crimen por prejuicio o crimen por discriminación” y con violencia de género. Por primera vez en nuestro país el sistema de justicia llama a un asesinato de una mujer travesti por su nombre: travesticidio.

Los fundamentos de la sentencia toman por un lado la violencia excesiva con la que se produjo el asesinato de Diana para hacer una interpretación de la palabra “odio” a la identidad de género (art. 80 inc 4º CP). El tribunal buscó centrarse en resolver el sentido que cabe otorgarle a la voz “odio” en su entramado cultural sociológico. Según la CIDH “los actos de violencia contra las personas LGBTI+, comúnmente conocidos como «crímenes de odio», son mejor comprendidos bajo el amparo del concepto de violencia por prejuicio contra contra personas cuyos cuerpos difieren del estándar corporal femenino y masculino”. Por otro lado, en los fundamentos de la  sentencia se aplica el concepto de violencia de género (art. 80 inc. 11º CP), ya que se configura la muerte de una mujer perpetrada por un hombre motivado por el desprecio, el odio, el placer o el sentido de propiedad sobre la misma.

El uso penal del término “travesticidio” lo destaca como fenómeno social. Pone el foco en las víctimas y las reviste con característica propia. La identidad de género travesti es el principal motivo por el cual son asesinada,  por ello es correcto brindarle una nomenclatura particular, descriptiva de este crimen para que se haga visible. A la lista de lo que debe nombrarse se suma el travesticidio social como la violencia estructural que sufren las personas travestis/trans que construyen su identidad entre la niñez y la pre adolescencia.

Luego del fallo de Diana Sacayán, el Registro Nacional de Femicidios de la Corte Suprema de Justicia de la Nación incorporó el monitoreo de “travesticidios y transfemicidios” en las estadísticas anuales de la Oficina de la Mujer.  

Como organización de Derechos Humanos entendemos lo necesario de llamar las cosas por su nombre. La comunidad travesti-trans tiene bastantes negaciones a derechos básicos, para que además se niegue la fatalidad de sus muertes y el nombre propio a sus asesinatos. 

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