Nati hermosa, por Ana Daneri

Tucumán, Argentina. Septiembre 13/2013. En el marco del juicio de lesa humanidad, "Jefatura II - Arsenales", se realizó la inspección ocular en el ex CCD Arsenal Miguel de Azcuénaga.

Cuando esa tarde escuché a Nati llamar a su mamá mientras cruzaba el patio de la Escuelita le tomé una fotografía. Nunca imaginé que sería la última vez que podría fotografiarla.

Siempre pensé que Nati era hermosa. No sólo por sus ojos gitanos, oscuros y penetrantes. No sólo por esa melena ruluda y desordenada o por su sonrisa radiante. Ante todo, Nati era hermosa. Hermosa por ese ímpetu que te ponía la piel de gallina, si agarraba el micrófono y arengaba la lucha. Hermosa por su espíritu guerrero, por su sarcasmo siempre a flor de piel. Nati se reía del dolor con ese humor negro tan de H.I.J.O.S. Casi puedo escucharla: “Ay chicos, ¿que no se dan cuenta? Si era zurdito lo tenían que secuestrar, torturar y desaparecer. Son re divinos los genocidas”.

Tuve la suerte de conocerla y de compartir militancia con ella, esa lucha que te hermana. Hoy, nos tocó despedirla. El cielo se llenó de globos blancos al grito de PRESENTE. Un llanto silencioso atravesó con respeto todo el cementerio. La Caro, con su voz profunda, cantó una canción que no pude retener en la memoria. Sólo recuerdo que era triste y hermosa y que todos la cantaban por lo bajo.

Me cuesta encontrar las palabras para describir lo que sentimos. No dejo de pensar en cuánta gente había ahí. La Negra escribió en su muro que Nati se llevaba un pedazo grande de su alma. ¿Será que algunas personas son capaces de plantar bandera en el alma de otros? Pienso que sí. Pienso que Nati era de esas personas. Imprescindible, inteligente, aguda, alegre, luchadora. Desde su adolescencia tomó la bandera de los DDHH para pedir justicia por su padre. Una justicia que por desgracia no podrá ver concretada.

En junio pudo declarar ante el Tribunal por la desaparición de su papá, Jorge de la Cruz Agüero en el juicio por el Operativo Independencia. Entró sonriendo, resuelta, como alguien satisfecha por el deber cumplido, por la promesa por fin alcanzada. Al cumplir 40 años, y 40 años después de la desaparición de su papá, Nati se nos fue en un sábado trágico. Unos minutos antes estuvimos brindando, celebrando, jugando al carnaval, pintando murales, sacándonos fotos por la identidad de nuestros hermanos apropiados. De manera inimaginable, como una pesadilla, esa noche terminamos reunidos en el hospital. Pero me quedo con su hermosura, con lo que ella fue, con lo que ella luchó. Murió con la camiseta puesta, después de festejar que los Derechos Humanos son nuestra conquista, nuestra bandera.

Su lucha, su entrega, va a seguir inspirándonos. No podemos bajar los brazos y rendirnos al dolor. Para que ella pueda seguir sonriendo en nosotros, en todas las personas que la conocimos y que tuvimos la suerte que nos tocara un poquito el alma. En cada marcha la recordaremos, en cada panfleteada, en cada audiencia, en cada grito por los 30 mil. Nati vivirá por siempre en nuestra memoria.

Esta es la canción que nos encontró cantando el lunes a la tarde, en el Parque de la Paz, «Para mí» de Los Peces Gordos: https://www.youtube.com/watch?v=pQbsXJRNkds

Ana Daneri – Coordinadora del Área Memoria, Verdad y Justicia de andhes

*Fotografía: Bruno Cerimele – andhes

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