El rol de la agricultura familiar campesina e indígena en contextos de pandemia desde una perspectiva de derechos humanos.

En diciembre de  2014 se sancionó la Ley de Reparación de la  Agricultura Familiar Campesina e Indígena, una ley muy debatida y esperada por el sector, que pone sobre la mesa que la agricultura familiar es una práctica presente y necesaria en la estructura económica y social de nuestro país.

Desde Andhes nos preguntamos ¿Cuál es el rol que la agricultura familiar está jugando dentro de esta pandemia?.

En los últimos días en la provincia de Jujuy diferentes organizaciones como el Movimiento Nacional Campesino Indígena, el Movimiento Campesino e Indígena Pucará y otras, están tomando la tarea que reza en sus consignas de alimentar a los pueblos a través de la distribución de bolsones de frutas y verduras, con los debidos recaudos de higiene y salubridad, que se contrapone a ciertas situaciones vividas en la provincia de Tucumán con los trabajadores del limón, donde desde Andhes denunciamos las condiciones en las cuales debían viajar a realizar sus tareas.

Este manejo forma parte de la cosmovisión que tiene la agricultura familiar, enfrentada a un lógica empresarial que vulnera no solo los derechos humanos de los trabajadores, sino también normas de salubridad y normas de la competencia, al elevar los precios en una situación de fuerza mayor como la que estamos viviendo.

Ante este contexto nos resulta necesario resaltar que el sector de la agricultura familiar plantea una diversificación de la matriz productiva nacional y particularmente de los históricos actores que en ella se perpetraron.

La agricultura familiar campesina indígena es practicada desde formas saludables que mantienen una armonía con el suelo, posee saberes diferentes, una vuelta en cierta forma a los saberes tradicionales de producción, distribución y comercialización, que se manifiestan en el intercambio de semillas, en la práctica del trueque, la mika, entre otras. Un dato no menor es que muchos de los territorios en los cuales se practica se encuentran actualmente con conflictos que vinculan a terceros y empresas que quieren apropiarse del territorio comunitario, lo que genera una inseguridad al momento de producir, y una inseguridad jurídica ya que estos terceros utilizan al poder judicial como herramienta de persecución.

Fue un sector invisibilizado y criminalizado en los últimos años, pero supo sostenerse y consolidarse en las últimas décadas. En estos tiempos que corren, los alimentos que llegan a nuestros hogares provienen de la agricultura familiar campesina e indígena, garantizando el acceso a la seguridad alimentaria como derecho humano, y sosteniendo la bandera de que esta seguridad será garantizada a través de la soberanía alimentaria, decidiendo que producir y cómo hacerlo.

La cosmovisión que se materializa a través de prácticas de solidaridad, reciprocidad y fortalecimiento de los lazos sociales, nos plantea como pregunta si es esto lo que hace que perduren y se sostengan tradicionalmente más allá de la ausencia del Estado y los tiempos que corren.

Desde Andhes sostenemos el derecho a la alimentación como un derecho humano ya que todos y todas tenemos derecho a alimentos seguros, saludables y culturalmente apropiados. La soberanía alimentaria se plantea como el derecho a determinar nuestro propio sistema alimentario de manera sostenible y asegurar la seguridad alimentaria.

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