Revuelta de Stonewal en 1969

El Día Internacional del Orgullo LGBTIQP+ conmemora la revuelta de Stonewall un 28 de junio de 1969, en respuesta a una de las tantas razzias policiales en el bar Stonewall Inn, del barrio de Greenwich Village de la ciudad de Nueva York. Esta fecha marcó un hito en la historia del movimiento por los derechos de la comunidad porque fue un grito de hartazgo desde las entrañas del colectivo contra la represión y la persecución estatal normalizante mediante. 

Los clientes de Stonewall eran  gays, lesbianas, transexuales, personas racializadas y excluidas que habitaban los márgenes sociales, y fueron quienes tomaron la palabra y demostraron que la historia podía cambiarse. Esta ruptura se perfiló como  la antítesis de la “política respetable” y marcó un cambio en las reglas del juego para las generaciones venideras. 

Años después, a partir de las múltiples batallas donde el  colectivo LGBTIQP+ puso el cuerpo y la voz, en Argentina se realizaba la primera marcha del Orgullo un 28 de junio de 1992 en la ciudad de Buenos Aires. Esa primera convocatoria tuvo la participación de alrededor de 200 personas, la mayoría tapadas con pañuelos o máscaras que cubrían sus rostros por temor a ser reconocidas y perseguidas ya que aún quedaban reminiscencias de una sociedad marcada por la dictadura militar. 

Stonewall es sólo uno de los hechos sucedidos a lo largo de la historia de muchos países del mundo donde las identidades disidentes son blanco de prácticas criminalizantes y estigmatizantes por parte del Estado mediante la violencia y la saña policial que se mantiene hasta nuestros días. 

Las políticas de seguridad ciudadana ignoran la violencia que se ejerce en la vía pública contra el colectivo LGBTIQP+. En nuestro país, existieron edictos policiales que fueron utilizados para perseguir y encarcelar a las identidades disidentes, con políticas de persecución social dirigidas a la “normalización”. Aún luego de su derogación en la década de los 90,  en muchos puntos de la región todavía existen códigos contravencionales que son utilizados para perseguir a la comunidad, principalmente a mujeres trans y travestis que ejercen el trabajo sexual. Mediante figuras jurídicas que sancionan las “exhibiciones molestas” o el “escándalo público”, noche tras noche cientos de mujeres trans y travestis se enfrentan al hostigamiento policial y duermen en frías comisarías, sin motivo alguno. 

En el año 2018, la Dirección Provincial de Estadísticas y Censos (DIPEC) y la Fundación Damas de Hierro, realizaron el primer censo poblacional trans femenino en la provincia de Jujuy. Éste arrojó datos alarmantes en relación a violencia institucional traducida en persecución punitiva y acceso a la justicia. Los datos revelaron que el 56% de las encuestadas fueron detenidas sin intervención de un juez competente y un 66% sufrió discriminación por parte de la policía. 

La criminalización y la clandestinidad de las identidades trans en todas las provincias del país representa también un gran obstáculo para el acceso a sus derechos. Es una constante para las mujeres trans, el abuso de autoridad y la violencia policial, a través de la perpetuación de prácticas que no respetan su identidad y de contravenciones que se utilizan de manera extorsiva para acusarlas de ejercer el trabajo sexual, por el simple hecho de transitar en la vía pública.  

Las personas LGBTIQP+ y las identidades disidentes, desde la infancia se desenvuelven y transitan en un mundo binario, en un entorno heteronormado y en un espacio público cisgénero. El tránsito de las disidencias sexuales por los espacios públicos y su  percepción de la seguridad cuando caminan por la ciudad, están fuertemente marcados por los acosos y agresiones que sufren. La forma de habitar los espacios se limita en torno a la lectura que otres realizan sobre sus cuerpos e identidades. Desde la perspectiva de género, varones y mujeres no habitan ni transitan de igual manera los espacios de una ciudad; y mucho menos las personas LGBTIQP+. El espacio público tiene una fuerza deslegitimante sobre quienes se rebelan contra el orden implícito, discriminando y violentando a quienes se resisten.

Independientemente de las fechas y de las latitudes en que se desarrollan las marchas o se conquistan avances en materia de derechos, el orgullo es y será un elemento central como respuesta política contra el estigma social, la discriminación y las violencias hacia la comunidad LGBTIQP+ y las disidencias, buscando promover la autoafirmación, la dignidad, la igualdad de derechos, aumentando la visibilidad como colectivo y celebrando la libertad en todas sus dimensiones. Hoy el orgullo que existe y resiste está representado por las diferentes redes de contención, acompañamiento y activismo que supieron tejer lesbianas, gays, bisexuales, transexuales, travestis, transgéneros, intersex, no binaries, queer y pansexuales, como formas de supervivencia. 

Como organización de derechos humanos creemos en la resignificación de aquellos hitos históricos en donde los movimientos sociales que nos precedieron, han arrancado legitimidad al status quo, para sembrar un potencial camino que nos lleve a un ejercicio más libre de los derechos humanos.

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