Carta abierta de Ana Reales, mamá de Miguel Reyes Pérez a 4 años de su asesinato

Miércoles, 23 de diciembre de 2020

Quiero contarles cómo era mi hijo Miguel Reyes Pérez y cómo fue perseguido por la policía hasta que lo mataron. Día a día lloro a mi hijo, lo extraño, me paro en la vereda y lo espero todas las noches. Esto es un calvario. Me destrozaron. Estoy muerta en vida. Pido justicia por Reyes.

A él se lo conoce por Reyes, no por Miguel, porque nació un 6 de enero, día de los Reyes Magos.  Con él, tengo siete hijos. A pesar de nuestra pobreza, siempre tuvo la compañía de su mamá, de su papá, de sus hermanos. Somos una familia de feriantes, salimos a vender para poder sostener la casa, para llevar pan a la mesa. 

Reyes era la alegría de la casa. Yo lo voy a recordar siempre con toda esa alegría. No le gustaba verme triste. Cuando cocinaba, venía a hacerme jugar, a hacerme algún cariño. Era fanático de la Mona Jiménez: escuchaba sus temas y se ponía como loco a bailar. 

Dejó dos hijos: Dylan tenía 15 días cuando lo mataron. Y Regina tenía 4 años.

Un día mi hijo entró, lamentablemente, en la droga. Y no lo pude sacar más. Ocho años golpeé puertas para que me ayuden porque Reyes era un chico adicto. Pero nadie me ayudó.

Eso lo llevó a hacer algunas cosas que no estaban bien. A partir de eso, dos policías comenzaron a perseguirlo para que robe y les entregue lo que robaba para que lo dejen caminar, para que no lo empapelen, para que no le pongan causa.

El 24 de diciembre de 2016, hubo un robo en nuestro barrio (San Cayetano). Vino la policía en camioneta. Reyes estaba con unos chicos en una plaza a media cuadra de mi casa. Lo revisaron y lo único que le encontraron fue una pipa. Al rato los chicos que estaban con él le piden que vaya a buscar hielo pero nunca llegó a la casa. 

En su camino aparecieron esos dos policías: Mauro Navarro y Gerardo Figueroa. Le dieron un tiro en la cabeza a Reyes,que se cayó al piso y cuando se quiso levantar le pegaron con la itaka. A pesar que estaba malherido, no llamaron a una ambulancia pero sí a muchos policías para que le peguen a la gente que había salido a ver qué pasaba. 

Yo estaba en la feria trabajando cuando me llamaron por teléfono para avisarme lo que había pasado. Me fui en un remis al hospital. Cuando llegué, me acerqué al médico que lo atendía y me arrodillé para pedirle que lo salve. Él me respondió algo que no me voy a olvidar por el resto de mi vida: “Señora, nosotros estamos para salvar gente, no para matarla”. 

Ese día lo operaron y agonizó 23 días. Nunca despertó. 

Reyes estaba quebrado por el paco y Navarro y Figueroa me amenazaron con que me lo iban a entregar en un cajón. Y en un cajón me lo entregaron. Desde que lo mataron nunca estuvieron detenidos. Hace cuatro años vengo pidiendo justicia, que esos dos policías paguen por la muerte de mi hijo. Sigo esperando que los jueces de Cámara Penal Conclusional Sala III definan la fecha del juicio oral.

De la lucha en la calle pidiendo justicia, del sufrimiento que tengo por perder a mi hijo, surgió el merendero Reyes. Ya hace dos años que construí este espacio que ahora transformamos también en comedor. Tengo 80 chicos a los que doy la comida o el mate cocido o arroz con leche o lo que tenga. Agradezco a la gente que día a día me colabora porque todo lo que hago es a pulmón. No tengo ayuda del estado. Lo hago con mucho amor. 

Pido justicia por Reyes y basta de gatillo fácil. Basta por favor. Basta. 

Ana Reales, madre de Miguel Reyes Pérez

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